domingo, 16 de marzo de 2014

Bandarban

A la mañana siguiente sí que pude coger el bus a Bandarban. Mientras esperaba sentada en un sofá dentro del hotel, uno de los trabajadores del mismo salió fuera con mi billete a parar el bus cuando pasase.

Dentro del bus el revisor ya no fue tan atento y cuando le pregunté donde podía dejar mi mochila grande, no me dio más opción que conmigo. Así que me pasé 4 horas y media (para recorrer tan solo 75 km…) con la mochila encima mío y la pequeña en mis pies. En la ruta el bus utiliza incluso un transbordador para cruzar el río Sangu.


En Bandarban la búsqueda de hotel fue una tarea bastante difícil. Es verdad que el primero al que pregunté me daba habitación pero no valía lo que me pedía y los dueños no me hicieron mucha gracia así que como no tenía prisa me puse a preguntar en casi todo hotel que vi. Eso se tradujo en uno que me dijo que estaba lleno y en cinco que directamente me dijeron que no. Como sabía que al menos había uno que sí que me aceptaba no estaba preocupada pero de verdad que no podía (ni ahora) entender que problema tenían conmigo, con los extranjeros en general o con una mujer sola. Finalmente llegué al hotel Plaza Bandarban que era el que me había recomendado el hotel de Rangamati pero un vistazo en internet me había hecho descartarlo por el precio. Aunque ya que estaba…Los precios los tienen incluso escritos en recepción. Le dije al manager, que me recibió muy bien, que eran demasiado altos para mí. Entonces me preguntó lo que estaba dispuesta a pagar y le dije lo que pagaba en Rangamati. Como me suponía no podía bajarme tanto el precio de la habitación pero me la ofreció por 700 tk y cuando la vi no lo dude. Eran 200 tk más de lo que me pedía el primer hotel pero este estaba mucho mejor.

Ese día no dio para mucho más. Después de que en un restaurante me timasen descaradamente con el precio y sentir que no podía hacer nada al respecto, me fui a hacer fotos desde el puente de entrada a la ciudad al río Sangu. Una vista muy bonita. Además, a lo largo del puente hay carteles con los nombres y datos de los diferentes grupos tribales que habitan en la zona: Marma, Khumi, Lushai, Kheyang, Bengali, Bawm, Mro, Tanchangya, Pangkhua, Tripura y Chak.




Al día siguiente me fui en bus hasta la cascada de Shailo Propat. Como me habían dicho, y me imaginaba, de la cascada ni rastro porque apenas llueve en esta época pero en la zona habita el grupo tribal Bawm así que fui igualmente a ver que me encontraba. 

En la entrada de la cascada hay mujeres Bawm vendiendo artesanía y pañuelos.


El camino de vuelta lo comencé andando para ir pasando tranquilamente por los poblados. En realidad son unas pocas casas a los lados de la carretera. Todas ellas o casi todas hechas de bambú, palos de madera, chapa y paja. En la entrada de cada poblado hay un cartel informativo con su nombre, cuando se creó, el grupo que lo habita, cuantos hombres y mujeres viven allí, la altitud y a qué se dedican.



Cuando llegué a un puesto de control decidí quedarme allí a esperar a un bus. En el puesto había dos policías. Uno de ellos muy curioso que acabo cogiendo demasiado confianza para mi gusto. Pero al ver que después de un rato no pasaba ningún bus, paró a un coche y les preguntó si podían llevarme de vuelta a Bandarban y así hice la última parte del trayecto con un amable pero suicida conductor. Fue un alivio llegar.


De allí me fui dando un paseo hasta el templo budista de Buddha Dhatu Jadi o allí conocido también como el templo dorado, a unos 5 km de Bandarban. Como ya había visto bastantes pagodas  no pensé que ésta fuese a sorprenderme pero es bastante bonita y como esta en un alto hay vistas de los alrededores. Aquí tampoco me libre de la ronda de fotos.


Cuando me disponía a bajar llegó una extranjera! Y ahí me encontré preguntándole que tal estaba y de donde era. De repente me sentí como un bangladeshí frente a un extranjero jaja. Descubrí que realmente tenía ganas de hablar con otro guiri. Así conocí a Undine, y un poco más tarde a Rafa, su “guía”, con los que pase el resto del día y los siguientes dos días.

Undine tiene 47 años y es alemana aunque habla bastante bien español. Había venido ya el año anterior a Bangladesh de turista con tres amigas y Rafa había sido su guía. Estando en el pueblo natal de Rafa decidió empezar un proyecto en la escuela de allí y durante el último año ha estado recolectando dinero para comprar material, uniformes…a los niños y construir unos lavabos. Sin duda una gran persona. Si queréis saber algo más sobre el proyecto esta es su página web (en alemán e ingles): www.my-friend-bangladesh.npage.de

Este año ha vuelto debido al proyecto y junto con Rafa estaban haciendo un poco de turismo por el país en coche.

Cuando bajamos del templo les pregunté a ver si podía compartir con ellos el CNG de vuelta a Bandarban y allí nos fuimos los tres.

De camino me invitaron a ir con ellos al mirador de Nilachol. Se encuentra en lo alto de una colina y hay vistas de todos los alrededores.



A la vuelta me invitaron a su hotel y finalmente me acabe quedando allí hasta las 10 de la noche. Desde la terraza de la habitación de Undine tomamos los tres cha con unas bonitas vistas a un estanque y luego, tirados en el gran césped que hay fuera y junto con el dueño del hotel, tomamos cerveza, vino, algo de picoteo…hasta que llego la hora de la cena. Muy buena. La verdad es que muy a gusto.

Después, el dueño del hotel, muy amable, me llevo en moto hasta mi hotel. ¡Qué giro había dado el día!



INFORMACIÓN ÚTIL

- Cambio: 1€ = 107 tk

- Bus Rangamati-Bandarban (4 horas y 30 min): 140 tk

- Bus Bandarban-cascada Shailopropat: 20 tk 

- Entrada Nilachol: 20 tk

Entrada Buddha Dhatu Jadi: 15 tk

- Alojamiento: Hotel Plaza Bandarban

Ojo! Este hotel y el Hotel Rahul (nada más cruzar el puente) fueron los únicos, entre los ocho hoteles a los que pregunte, que estaban dispuestos a darme una habitación. Entre los que se negaron: Hotel Hill Bird, Hotel Three Star, Hotel Purabi, Zovi Guesthouse. Por lo que sé el hotel Hillside Resort y el hotel Holiday Inn (tiene wifi y muy buena comida) también aceptan extranjeros. Pero ambos están a unos 4 km de la ciudad cuesta arriba.
  • Dirección: Ward No. 7, Army Para (Hotel Plaza Road), Bandarban. 
  • Habitación doble con ventilador, baño privado y agua caliente: 700 tk
  • Teléfono: 0088 (0)1678060273 / 0088 (0)1828844082
  • Email: info@plazabandarban.com 
  • Página web: www.plazabandarban.com 
  • Comentarios: muy bien. No tengo ninguna pega. Habitación limpia, con teléfono, televisión, terraza, dos butacas, dos mesillas, un escritorio. El baño limpio y en buenas condiciones. Y con agua caliente! Toda una novedad. Te dan chanclas, toalla, papel higiénico y una pastilla de jabón. También viene incluido en el precio una botella de agua de un litro cada día de estancia. Rahat, el manager del hotel, habla bien ingles y muy atento. Llamó por teléfono para averiguar el horario de los autobuses a mi próximo destino, me recomendó sitios...




jueves, 13 de marzo de 2014

Rangamati

Para llegar a Rangamati primero cogí un tren de Srimangal a Chittagong. Esperando en la estación, el tren ya llevaba una hora de retraso y no había pasado ningún otro. Así que cuando llegó uno, no lo dude y entré con la ayuda de un local que localizó mi vagón (en Bangladesh hasta los números son diferentes!).

Localicé mi asiento que estaba ocupado y le dije que ese era mi asiento pero entonces sacó su billete y teníamos el mismo asiento! Ahí todos mis temores de haber comprado el billete en el mercado negro se vieron confirmados: me habían vendido un billete que ya estaba vendido legalmente. Mientras me preguntaba cómo se resolvería aquello, un local empezó a mirar mi billete y a hablar con otro. Y entonces me dijeron que ese tren no iba a Chittagong, si no a Dhaka! Por una parte sentí alivio pero por otra…como que a Dhaka??!! Aunque enseguida me tranquilizaron diciendo que podía bajarme en la siguiente estación y allí esperar a mi tren. Y este señor amable incluso me cedió su asiento hasta que me baje.

Otro local que bajaba en la misma estación decidió quedarse conmigo hasta que llegase mi tren y ayudarme a localizar mi vagón y asiento. Mientras esperábamos ante mi sorpresa me dijo, eso sí con tacto, a ver si le podía dar dinero por ayudarme. Algo decepcionada me negué pero allí siguió y cuando llegó el tren buscó mi asiento e incluso localizó al policía del tren para decirle que yo estaba allí y que me ayudase cuando llegase a Chittagong. Los bangladeshíes no paraban de sorprenderme…

Los asientos en esa clase resultaron ser bastante incómodos así que la noche fue un poco larga.
Cuando el tren llegó a Chittagong, el policía del tren vino y de modo autoritario me dijo que le siguiese. No tenía ni idea de a dónde íbamos y no le pregunté. Me llevó hasta la estación de autobuses donde salía el bus hacia Rangamati. Pero ay, no podía coger el bus hasta que no consiguiese el permiso necesario para visitar esa zona. Así que se lo dije y entonces me buscó un CNG (tuk-tuk) y me dijo el precio que tenía que pagarle.

Visita Rangamati por su belleza intacta
El CNG no se contentó con llevarme al “Court Building” (edificio del juzgado) donde se consigue el permiso. Si no que cuando llegamos, preguntó en la puerta principal si era allí y al señalarle la parte trasera me llevó hasta allá. Allí volvió a preguntar y le volvieron a mandar a la entrada principal donde ya otra persona le confirmó que era allí.

No salía de mi asombro entre una cosa y otra.

En la planta de arriba, rellené un papel y en 20 minutos ya tenía el permiso y cuatro copias.

En el bus a Rangamati un local cristiano habló un poco conmigo y me dio su teléfono por si tenía algún problema en Rangamati.

El bus era como un autobús urbano de ciudad y como parece costumbre en este país fue como un loco. Por el camino tuve que bajarme en un puesto de control para enseñar mi permiso y rellenar unas casillas.

En Rangamati el bus me dejo en frente del hotel Sofia que era el hotel que había escrito en el permiso porque era del único que me acordaba el nombre. El revisor llamó incluso a un trabajador del hotel para que me atendiese. Y allí me quedé.


La verdad es que de entrada al llegar, me esperaba más de este lugar pero después de casi tres días allí tengo que reconocer que tiene bastante encanto aunque tiene que ser realmente precioso después del monzón. Ahora el paisaje estaba un poco seco.


Rangamati, junto con Bandarban y Khagrachari forman lo que se conoce como Chittagong Hill Tracts. Y se necesita un permiso (el mismo) para visitar los tres lugares.

Hasta hace pocos años esta zona estuvo en conflicto y cerrada a los turistas. Cuando Inglaterra gobernaba aquí, esta región obtuvo un estatus especial y solo los Adivasis (grupos tribales) podían poseer tierra pero más tarde, en 1964, Pakistán abolió ese estatus. Antes, en 1960 se construyó el lago Kaptai donde está situado Rangamati, sumergiendo así el 40% de la tierra utilizada para cultivar por los Adivasis y desplazando de este modo a 100000 personas. A partir de 1964, tras la pérdida del estatus, los bengalíes empezaron a emigrar a esta zona haciéndose propietarios de las tierras. Después de 6 años había tantos bengalíes como Adivasis. Los adivasis protestaron ante esta situación y al parecer atacaban a los inmigrantes bengalíes lo que se tradujo en una fuerte represión y la huida de 50000 adivasis a los países vecinos. El ejército se desplegó en la zona y se inició una guerra abierta que duró hasta 1997. Ese año se acordó que a cambio de que los rebeldes adivasis entregasen las armas, se les daría tierra, dinero y otros beneficios.

Y debido a ese conflicto los extranjeros necesitamos un permiso para entrar e incluso hay quienes dicen que la zona es todavía peligrosa como el local cristiano del bus que me dijo que no saliese de la ciudad. A mí me parece un poco ridículo después de 17 años de paz y además, la zona no me pareció para nada peligrosa. Gente amable a más no poder es lo que hay allí.


Así que en esta región, aparte de bengalíes se pueden encontrar grupos tribales como los Chakma (la mayoría), Marma, Tripuri, Bawm (cristianos)…se pueden distinguir fácilmente porque sus rasgos son diferentes, más parecidos a los habitantes de Myanmar con ojos achinados.


Rangamati está situado en el lago Kaptai. En un paseo por la calle principal del pueblo, enseguida te das cuenta de cuál es uno de los principales sustentos en la región: la madera. En muchas tiendas se pueden ver a lugareños tallando madera para hacer muebles o muchos troncos apilados en las orillas del lago.



Una mañana, de camino a ver un puente colgante (Hanging Bridge) famoso en la zona, me paré a desayunar en un pequeño local con apenas dos mesas, llevado por un hombre y su hijo pequeño. A la vista, muy humildes. Cuando me dispuse a pagar el cha (es como el chai en India) y los fritos que había comido, el dueño se negó a cobrarme. No serían más de 20 céntimos pero el gesto me emocionó.

Después de un agradable paseó llegué por fin al puente colgante que es solo peatonal. Para entrar a la zona hay que pagar 10 tk. Al igual que yo, muchos turistas locales lo estaban visitando y no tardaron en empezar a pedirme fotos.


Allí un policía de paisano me pidió una copia del permiso y tras un paseo por la zona volví hacia la de mi alojamiento. Me metí por una de las calles secundarias (no hay muchas) donde un grupo de mujeres curiosas me rodeó aunque poco pudimos decirnos. También pude ver como los jóvenes jugaban al críquet, el deporte nacional del país.


Y sin quererlo llegué a la zona del mercado. Por fin descubría donde estaba la actividad en este pueblo.

Al día siguiente cogí un CNG para ver el museo (20 tk) pero era sábado y estaba cerrado. El único día de la semana que no está abierto y no el viernes como tenía yo apuntado…De todos modos, el viaje no fue en vano porque cerca se encuentra la enorme estatua de un hombre que no he conseguido saber quién es.


En el camino de vuelta también me pasé a ver el templo budista de Rajban Bihar.



Y de ahí me fui de vuelta a mi hotel, recogí mis cosas y cogí un CNG (que se negó a cobrarme al igual que otro el día anterior) hasta la estación de bus para coger el último de los tres buses que hay al día hacia Bandarban. Pero cuando llegué, para mi sorpresa me dijeron que ese día ese bus no partía. Así que no me quedo otra que quedarme un día más. 

Esa tarde salí a dar otro paseo y un hombre se ofreció a darme una vuelta en barca por el lago por 300 tk la hora. Acepté aunque la barca no inspiraba mucha confianza y el hombre era un poco brusco en las maneras. Me dijo de llevarme hasta la isla de Rajbari y de allí a mi hotel que está en la orilla del lago. Pero resultó no ser muy buena idea. La barca funcionaba con remos y se notaba que el hombre tenía que hacer bastante esfuerzo, además se movía con mucha lentitud y en la hora y 40 minutos que finalmente duro el trayecto no llegamos a la isla y aunque el paseo fue agradable no vi mucho. Desde el embarcadero del hotel vi salir barcos a motor con turistas locales todos los días. Me parece bastante mejor idea.






INFORMACIÓN ÚTIL

Atención! Para ir a Rangamati, Bandarban o Khagrachari hay que sacar un permiso gratuito que te dan en el “Court Building” de Chittagong. En el segundo piso y en unos 20 minutos lo tienes.

- Cambio: 1€ = 107 tk

- Tren Srimangal-Chittagong (clase “Shuvon”, mercado negro. Unas 7-8 horas): 400 tk (precio normal: 230 tk)

- CNG estación de bus BRTC-Court Building Chittagong: 70 tk

- CNG Court Building Chittagong-estación de bus BRTC: 70 tk

- Bus Chittagong-Rangamati (a las 10:30am. Unas 3 horas): 130 tk

- Entrada al Puente Colgante: 10 tk

- Alojamiento: Hotel Sufia International
  • Dirección: Kathaltoli, Rangamati. En la carretera principal. Esta en Google Maps. El revisor del bus, como sabía a dónde iba me paro en la puerta.
  • Habitación individual con ventilador, baño privado y desayuno: 500 tk
  • Teléfono: 035162145/035161174/01819318665/01553409149
  • Comentarios: es un hotel bastante grande y conocido. Por puro cansancio no miré otros pero seguramente los haya más baratos. La habitación no está mal, con vistas al lago. Pero si quitasen todas las telarañas que tiene ganaría bastante. La sabana tenía pelos. Hay televisión, que no conseguí que se encendiese, y teléfono. El baño no estaba mal tampoco pero como parece que es habitual en Bangladesh, no tiene agua caliente. Hay bastantes cortes de agua pero duran poco. No hay wifi lo que no es nada nuevo tampoco. Te dan toalla, papel higiénico, jabón de ducha y unas chanclas. Los de recepción atentos y muy bien dispuestos a ayudarme. Hay un restaurante en la azotea. Que yo recuerde, no me dijeron nada al llegar pero el desayuno está incluido en el precio. Por la noche pasan por tu habitación con un papelito para el desayuno que es: una botella pequeña de agua, chai, dos parothas, una pequeñita tortilla de verdura y como una salsa con maíz y patata.







martes, 11 de marzo de 2014

Srimangal

Después de un paso de unas horas no muy afortunado por la capital, Dhaka, seguí hasta Srimangal. En un tren que no paraba de dar bandazos y a veces unos botes que me dio la impresión de que la parte baja del tren tocó en alguna ocasión los raíles.

Srimangal es un pequeño pueblo al noroeste del país conocido por sus plantaciones de té. Aquí por suerte, no tuve problemas con el primer hotel que mire aunque al final no resultase una buena opción.


El primer día andando por la calle, conocí a Jahid, un agradable estudiante de 17 años que al parecer no deja pasar la ocasión cada vez que se le presenta de hablar con extranjeros. Me ayudó a buscar la compañía de bus (el tren estaba lleno) para mi siguiente destino y se ofreció enseñarme los alrededores ese día y aunque daba la impresión de que solo era amabilidad, rechacé su oferta. Prefería ir a mi aire.

De camino hacia las plantaciones de té me encontré cruzando un animado mercado de pescado y verdura. Me adentré un poco y enseguida me vi haciendo fotos a los sonrientes lugareños que me lo pedían. Hubo incluso dos que me invitaron a un té, una magdalena y una botella de agua. ¡Qué agradable!





Cuando el pueblo queda atrás, se vuelve todo muy tranquilo. Y allí estaban las plantaciones de té aunque no había diferentes niveles de terreno como en Haputale en Sri Lanka, y por tanto, no me pareció que luciese mucho.

Ese gran arco colorido significa que se celebra una boda dentro

Me di un paseo por la zona hasta el “Instituto de Investigación de Té en Bangladesh” que vi por fuera y después por otro camino fui volviendo hasta el pueblo. Los niños cuando me veían venían corriendo a saludarme con un curioso “bye bye”.


A medio camino me paré en, al parecer bastante conocido a nivel del país, restaurante de  “Nilkantha tea cabin”. Es famoso por sus tés compuestos de varios tés claramente diferenciados por colores. Hoy en día tienen desde los dos colores hasta siete! Yo me pedí el de cinco.


Estaba bueno pero no se puede decir que supiese mucho a té la verdad.

Esa noche me volví a encontrar con Jahid que iba con un amigo y con un japonés! El primer extranjero que veía en Bangladesh. Jahid se ofreció a preguntar él mismo otra vez por un billete en el tren que quería coger la noche siguiente. Así que fuimos los cuatro a la estación de tren pero como me dijeron a mí, no quedaban plazas. Y ahí fue cuando me sugirió comprar un billete en el mercado negro! No es que sonase muy bien eso…me quede sin saber muy bien que decir. Ante mi ignorancia le dije mi temor de que el asiento que me diesen lo tuviese legalmente otra persona pero no funciona así, si no que alguien ha comprado ese billete y luego lo revende a un precio más alto. Finalmente acepté. Lo gracioso es que se compran a través del responsable de la estación. En cinco minutos ya tenía mi billete. A casi el doble del precio original pero lo que se traducía en tan solo a algo menos de cuatro euros. Visto como conducían los autobuses prefería ir en tren si podía. Luego, cuando dije que quería alquilar una bici al día siguiente, Jahid me llevó a una tienda y lo apalabró con el dueño. Y finalmente me recomendó un restaurante barato donde podía cenar. Muy majo.


Al día siguiente fui a por mi bici alquilada que resulto ser bastante pesada y dura de pedalear y puse rumbo al Parque Nacional de Lowacherra a 8 km de allí. Por suerte el camino es bastante llano pero a la mínima cuesta tenía que bajarme y empujar la bici.

De camino me paré en el museo del Té situado en un resort. Aquello estaba bastante solitario. El museo son dos pequeñas habitaciones que abrieron especialmente para mí. En una de ellas había un escritorio, una silla y una imagen de Bongobondu, el Padre de la Nación que fue el primer presidente del país. Y en la otra herramientas que se utilizaban en las plantaciones de té antiguamente. No hay mucho para ver la verdad.
Se nota el cambio cuando se empieza el parque nacional. Es todo vegetación y arboles bastante altos.

Hay dos puestos de pago pero por el primero no se entra así que me fui al segundo y allí ya había más ajetreo. Aparqué la bici, pagué la entrada de 350 tk y me fui hacia el interior.

Este parque atrae a los visitantes porque en él viven Hoolock gibbons, una especie de primate en peligro de extinción. Como me esperaba no vi ninguno. Pero el parque en sí es bastante agradable. Se pueden hacer dos rutas: una de media hora y otra de una hora.


Desde que entre al parque noté que me seguía un local. Cuando llegué al punto donde empezaba la ruta de media hora, se ofreció a ir conmigo pero no quería un guía. Entonces me dijo que no era un guía que solo me quería ayudar. La verdad es que me apetecía ir a mi aire pero no me dejo mucha opción. Y durante dos horas me llevó por el parque, por otras plantaciones de té, a un pueblo local y de vuelta al punto de partida. A penas hablamos porque no sabía ingles. La verdad es que esperaba que me pidiese dinero al final pero no lo hizo. Los bangladeshíes no paraban de sorprenderme.

Tambien me llevo por plantaciones de te

Estaba cansada, hacía bastante calor y todavía me quedaba el camino de vuelta en bici. Por suerte fue más fácil que la ida.

Esa tarde me volví a encontrar con Jahid con el que había quedado el día anterior. Y me llevó al verdadero “Nilkantha tea cabin”. Resulta que hay dos restaurantes con el mismo nombre y ofreciendo lo mismo. Parece que ninguno es falso pero éste es mucho más popular. Se encuentra a tan solo unos 500 metros de la estación de tren siguiendo la carretera de Kalighat Road. El otro restaurante con el mismo nombre esta aproximadamente 1’5 km hacia el sur siguiendo la misma carretera.

Allí me volví a tomar el mismo té y pedimos para comer Fuska, al parecer la comida callejera más popular de Bangladesh. Son como cascarones rellenos de patata. Estaba bueno.


Y allí estuvimos hablando un rato con la interrupción ocasional de locales curiosos.



INFORMACIÓN ÚTIL

- Cambio: 1€ = 107 tk

- Tren Rajshahi-Dhaka (segunda clase en “shovon chair”. 5 horas y 30 min): 315 tk

- Tren Dhaka-Srimangal (segunda clase en “shovon chair”. 4 horas y 30 min): 225 tk

- Alquiler bici día entero en “Anam cycle store” (calle principal hacia la estación de tren): 300 tk

- Entrada Parque Nacional de Lowacherra: 350 tk

- Alojamiento: Hotel Taj Mahal
  • Dirección: en la esquina que forman Dhaka Sylhet Road y Central Road. A unos 500 metros de la estación de tren.
  • Habitación individual con ventilador y baño privado: 200 tk
  • Comentarios: si volviese miraría otro sitio antes. La habitación era un agujero aunque pasable pero el baño…ese baño no se acuerda de cuando ha sido la última vez que lo han limpiado. No estaba ni la bomba echada y en general bastante sucio. No tenía lavabo ni bomba el retrete (así que a cubotazo). La puerta no encajaba y no se podía cerrar. Y olía mal. No caí en todo eso cuando le eché un primer vistazo y decidí quedarme. 


sábado, 8 de marzo de 2014

Rajshahi, Puthia y Paharpur

Alguien me despertó zarandeándome en el bus. Había llegado a Rajshahi, la capital de una de las cinco divisiones en las que está dividida Bangladesh.

Por suerte, el bus me había dejado al lado de uno de los hoteles que tenía fichado así que no tenía que andar casi. Pero fue entrar por la verja y los hombres que estaban en la puerta decirme que no desde lejos…No era bienvenida allí. Entonces me acordé de haber leído en alguna parte que algunos hoteles en Bangladesh no aceptan extranjeros. Todavía un poco en shock me fui al hotel de al lado. En recepción me recibió un local que me dijo que me sentase mientras llamaba a su superior. Pero cuando éste llegó y me vio también me dijo que no.

Estaba cansada y ante tal situación se me empezaba a torcer el ánimo. Pero todavía tenía el nombre de otro hotel. Me fui hacia allí pero el edificio no me dio muy buena espina y además el nombre estaba solo en bengalí lo que me daba la impresión de que tampoco allí me querrían dar habitación. Así que pasé de largo hasta el hotel que estaba detrás y que bien, me daba habitación! El precio era bastante más alto de lo que pensaba que iba a pagar pero viendo el panorama decidí quedarme allí.

Rajshahi

Ese día no dio para mucho más. Fui a comprarme una tarjeta sim donde el hombre que me atendió fue muy amable y me ayudo y recomendó algunos sitios. Después fui a la estación de tren donde el rickshaw que me llevo intentó comunicarse conmigo en bengalí y al momento había un montón de Bangladeshíes alrededor muy atentos. Al entrar a la estación una joven local emocionada decidió que me iba a ayudar a comprar el billete si o si. Fuimos a la ventanilla, y rodeadas de otros bastantes locales curiosos me ayudó a conseguir el billete.

Al día siguiente me fui a Puthia, a 23 km de Rajshahi. Puthia es un pequeño pueblo con varios templos construidos por la familia Puthia en el siglo XIX pero tras la partición de India, abandonaron la zona yéndose a India al ver revocado su título por el nuevo gobierno de Pakistán.

Después de andar 1 km desde donde te deja el bus se puede ver ya el templo de Shiva detrás de un estanque.


Una vez allí, el encargado del templo enseguida se concentró en mí y quiso hacerme de guía pero yo todavía llevaba el chip de India y rechacé su oferta (era un poco pesado también la verdad…). Aunque después de tres semanas en Bangladesh seguramente no me hubiese pedido nada al final. No hay mucho que ver pero es bonito.

Cerca se encuentra el templo de Jagannath, situado a un costado de un gran patio y poco más allá el templo de Gobinda que aunque pequeño, es muy bonito como esta tallado y el color.



A Todo esto, ya me habían venido a hablar y a pedir fotos bastantes locales…


Esa tarde, de vuelta en Rajshahi, puse rumbo hacia el centro de la ciudad. Por el camino se me unió un estudiante y me preguntó si me podía hacer una entrevista sobre economía como había hecho a otros extranjeros…Un poco a regañadientes accedí finalmente y me invitó a tomar algo. Pero a pesar de su amabilidad tengo que admitir que el chico no me calló muy en gracia…Luego me acompañó hasta el museo de Varendra (jueves cerrado) que quería visitar. Allí nos despedimos pero al poco volvió a aparecer y me dijo que había pensado que quizá podría explicarme algo sobre los objetos de la exposición. Pero enseguida estuvo claro que no tenía ni idea y entonces me confesó que el guardia del museo le había dicho que me ayudara…Me quede un poco a cuadros y le dije que se podía ir. ¡Qué cosas!

El museo de Varendra se abrió en 1910 y es el más antiguo de Bangladesh. En su interior se pueden encontrar esculturas budistas y de dioses hindúes sobretodo. Y un bonito patio. Es gratuito y no muy grande.

Después fui a ver el santuario y mezquita de Hazrat Shah Makhdum. Este hombre fue el primer predicador del islam en la región. La leyenda dice que llego por el rio Padma (es el río Ganges pero en Bangladesh es conocido como Padma) sobre dos cocodrilos.

La verdad es que no me pareció nada especial. Al poco de estar allí aparecieron dos estudiantes, Faishal y Abdulla, y decidieron “adoptarme” el resto de la tarde. Me invitaron a dulces, comida, bebida…y eso que me negué a unas cuantas cosas! Me enseñaron y andamos por el paseo del río Padma que realmente es muy bonito y agradable. Justo al otro lado del río India.


Después de invitarme a comer algo en el restaurante y tienda de dulces del padre de Faishal, se empeñaron en que querían hacerme un regalo así que me llevaron al mercado. De nada sirvieron mis protestas. Finalmente acabe con tres pulseras, una tarjeta dedicada y una figurita de dos novios…Luego me acompañaron a la estación de tren donde no pude comprar mi siguiente tren (al parecer solo se puede en la estación de salida) y finalmente a mi hotel. Estaba agotada pero no por ello menos sorprendida y agradecida por tanta amabilidad.

En mi último día en la zona me fui a ver uno de los sitios que más ganas tenía de visitar en el país: el monasterio budista de Somapura Mahavihara en Paharpur.


Aunque necesité cuatro horas en bus para llegar y casi otras tantas para volver. El de recepción de mi hotel me indicó una estación de bus que no era la correcta. Pero una vez allí, un lugareño, que no hablaba una palabra de ingles, me buscó un tuk-tuk futurista (no sé como se llaman. Son parecidos a los tuk-tuks en India pero algo más grandes y el motor hace un ruido que a mí me parecía como futurista), subió conmigo y fuimos al lugar correcto. Pago el trayecto, habló con el conductor del bus para que me ayudase en el cambio de bus, y me dio su teléfono para que le llamase cuando llegase o eso entendí. Tanta amabilidad no dejaba de sorprenderme.

En Bangladesh hay un detalle que salta a la vista al poco de viajar un rato por carretera. No hay apenas coches. Verás rickshaws (tipo bici. Son super bonitos y el transporte estrella del país), CNG (aquí los llaman así. Pero son los que en otros países se conocen como tuk-tuk), carretas, bicis, camiones, autobuses suicidas (realmente da miedo como conducen) pero ver coches o similar es una rareza.

El camino en bus hasta Naogaon me pareció muy bonito (si puedes fijarte en ello y parar de pensar en que de ese viaje no sales vivo…) porque la carretera esta en todo momento flanqueada por arboles que se unen en el medio formando como un arco.

En Naogaon el conductor del bus me llevó hasta el bus que tenía que coger hasta Paharpur. Y una vez allí anduve unos 20 minutos por una zona rural hasta el monasterio que por el camino ya se deja ver desde lejos.

Este lugar es uno de los dos sitios en Bangladesh que es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. El recinto es un cuadrado formado por 177 celdas que utilizaban los monjes para meditar, y en el centro una estupa. Fui construido entre los siglos VIII y IX d.C. Cuando los musulmanes ocuparon la zona sobre el siglo XIII Paharpur fue abandonado por los habitantes budistas y las ruinas que se ven hoy en día son el resultado de siglos sin mantenimiento o uso.


Hay un museo en el recinto pero ese día estaba cerrado.

Había bastantes turistas locales en el lugar pero ni un solo extranjero reconocible. Así que cuando me vieron pase a ser el centro de atención quedándose las ruinas directamente en un segundo plano.


Normalmente funcionaba así: después de mirarme y mirarme, alguien se atrevía a pedirme una foto y cuando aceptaba se acercaban todos los tímidos que no se habían atrevido a preguntarme y aprovechaban. Yo sola, yo con ellos, primero con dos, luego solo con uno, después con el otro…No deja de ser una situación graciosa pero después de incontables fotos y que te estén venga parar, sin poder llegar a disfrutar de las ruinas, te acabas cansando…


Hasta entonces no había visto nunca un lugar como las ruinas de Paharpur o parecido y realmente merece la pena.



INFORMACIÓN ÚTIL

- Cambio: 1€ = 107 tk

- Bus Sona Mosjid Border-Rajshahi (2 horas y 45 minutos): 125 tk

- Tarjeta sim Grameenphone = 150 tk (el saldo va a parte)

- Rickshaw Grameenphone Center-estación de tren Rajshahi: 20 tk

- Puthia:
  • Bus Rajshahi-Puthia (45-60 minutos): 30 tk
  • Entrada templo de Govinda: 10 tk
  • Bus Puthia-Rajshahi: 30 tk

- Paharpur:
  • Bus Rajshahi-Naogaon (2 horas y 15 min): 120 tk
  • Bus Naogaon-Paharpur (1 h y 45 min): 40 tk
    • Luego hay que andar (o coger un tuk tuk) unos 1’5 km por una carretera que va hacia el este para llegar a las ruinas.

  • Entrada ruinas Paharpur: 200 tk
  • Bus Paharpur-Naogaon (1 hora y 15 min): 40 tk
  • Bus Naogaon-Rajshahi (1 hora y 45 min): 110 tk


- Alojamiento: Haq’s Inn
  • Dirección: Station Road, Shiroil. A 5 minutos o menos andando hacia el este de la estación de bus y la de tren.
  • Habitación doble con ventilador y baño privado: 700 tk
  • Comentarios: la habitación estaba bien. Me ofrecieron ponerme televisión. El baño dejaba un poco que desear. El agua del grifo del lavabo mal y la bomba del retrete también. No tiene agua caliente. Dan una toalla, papel higiénico, una pastilla de jabón y un sobre de champú. También me dieron una botella de agua de dos litros pero que tuve que pagar aparte. No hay wifi. 











viernes, 7 de marzo de 2014

Llegada a Bangladesh

¡Bangladesh me tiene enamorada! Y no precisamente por su verde paisaje, su repetitiva comida o sus escasos monumentos. En realidad Bangladesh no tiene mucho atractivo en ese sentido, aunque no por eso deja de merecer la pena. Pero el verdadero tesoro de este país es su gente, la que no para de sorprenderme por lo amables que pueden llegar a ser.

Qué ideas más equivocadas puede llegar a traernos lo desconocido. Me incluyo a mí misma, que aunque confiaba en que no tendría problemas tenía un poco de incertidumbre con mi paso por este país. Hay tan poca información y experiencias disponibles.

No voy a negar que algún momento incomodo me ha hecho pasar alguna persona o que ha habido algún jeta, pero en cambio son tantos los que han sido amables conmigo o me han ayudado que realmente puedo generalizar.

Me han invitado a desayunar, a comer, hay tuk-tuks que se han negado a cobrarme, otros me lo han pagado, me han hecho regalos, me han llevado a ver sitios, me dan sus teléfonos por si tengo algún problema, siempre dispuestos a ayudarme y si es relacionado con el transporte, se aseguran de que alguien dentro va a seguir ayudándome…Pero lo que más agradezco es que puedo hablar tranquilamente con cualquiera que venga a hablar conmigo porque nadie me va a pedir algo al final y eso después de India…es una maravilla! Así que automáticamente me sale contestar a todos los “hello”, “how are you?”, “your country name?”, “your name?”, “first time in Bangladesh?”, “only one?”…con una sonrisa mientras no paro de repetir las mismas palabras.


Y soy consciente de que esta actitud se debe seguramente en gran parte a que reciben muy pocos turistas. En las casi tres semanas que llevo aquí no habré visto a más de 20 extranjeros! Así que me siento afortunada de poder vivir todavía la autenticidad de este pueblo porque aunque no tiene pinta de que el turismo occidental vaya a crecer mucho a corto plazo, lo hará y me temo su actitud hacia nosotros también cambiará.

¿Y cómo llegué a Bangladesh?

En vez de hacerlo por la frontera más cercana a Calcuta, me cogí un tren nocturno y me fui hacia el norte, a Malda Town, que está a unos 20 km de la frontera de Mahadipur en el lado indio.

Allí, preguntando llegué hasta un jeep, 2 km al sur de la estación de tren, que me llevaría hasta la frontera.

Como sardinas en lata llegué después de alrededor de un hora al puesto fronterizo indio.

Decir que poco antes de llegar vi a pie de carretera desde el jeep dos mezquitas antiguas que me quede con ganas de ver mejor: Tantipara Masjid y Lotan Masjid.

Al llegar, me dirigieron hasta un pequeño edificio de una planta, cogieron mi pasaporte, rellene el formulario de salida de la India, rellené casillas, me pasaron a otro edificio y finalmente a otro más al otro lado de la carretera. Con mi sello de salida de la India en el pasaporte ya si pude seguir la carretera hacía Bangladesh.

Al parecer no es un paso muy concurrido y aquello estaba muy tranquilo. Unos metros más allá vi como a dos militares y les enseñe mi pasaporte pero no lo miraron mucho. Seguí hacia adelante sin saber muy bien a donde ir. Empezaron a aparecer las tiendas de comida y en una de ellas pregunté donde podía cambiar dinero. El hombre me señaló hacia atrás y vaya, es que había dejado atrás el control de pasaporte de la frontera de Bangladesh y nadie me había dicho nada! Pues sí que lo tienen bien controlado…Volviendo hacia atrás a un lado del camino hay como un patio con edificios. En uno de ellos me cogieron el pasaporte, metieron mis datos en un ordenador y me sacaron una foto. Luego fui a otro edificio donde había dos jóvenes detrás de una mesa. Rellene unas casillas, estampa en el pasaporte y lista!

Al fondo India 

Apareció en la oficina un local que sabía ingles y le pregunté si había algún cajero o casa de cambio en el pueblo. Y me quede a cuadros cuando me dice que no! Y como se supone que voy a pagar el bus a Rajshahi?? Finalmente me llevo al pueblo, a una mesa de madera donde venden los billetes de bus a Rajshahi y al lado, el dueño de una pequeña tienda de comestibles me dio 700 tk por 600 INR…un cambio bastante malo pero era lo que había. Una vez en Rajshahi sacaría dinero de un cajero.

Así a simple vista no es que se notase mucho la diferencia con India. Estaba en un pueblo polvoriento con cuatro personas y casas. La mayoría de los hombres vestían el longui, una especie de falda larga y al parecer muy cómoda que en Calcuta todos los Hombres Rickshaw llevan. El bus que saldría una hora más tarde a Rajshahi.


Pero era la única extranjera. Y me miraban todos. Me senté a esperar al bus pero no me vi capaz de aguantar una hora unos ocho pares de ojos de hombres mirándome sentados en frente mío. Ni una palabra de ingles, solo bengali.

Me fui a dar una vuelta por el pueblo pero no había mucho que ver o hacer: contestar o a los “hola”s y preguntas de los curiosos lugareños. Si hubiese sabido que la mezquita “Choto Sona Masjid” (aparece en los billetes de 50 tk) estaba a tan solo 2’5 km hacia el sur por la carretera, hubiese ido a verla y luego coger el bus allí cuando pasase. 

Pero en vez de eso acepte la invitación de un bangladeshí sonriente para comer en su restaurante. Estaba claro que no veía guiris blancos todos los días. No era más que sonrisas y atenciones y ni una palabra de ingles. Me enseño con qué podía acompañar el arroz blanco y cuando le pregunté que no era picante no hubo manera de que entendiese, ni él ni los curiosos que se acercaron, la palabra picante…Empezábamos bien…Por suerte elegí bien y allí comí arroz blanco (la comida estrella de todos los días de los bangladeshíes) con huevo cocido en salsa, mientras me hacían fotos con el móvil.

El local que me atendio en el restaurante

Poco más tarde me iba en bus (ante la fascinada mirada y sonrisa de un local que no me quito el ojo de encima ni cuando se bajo en su parada desde fuera, hasta que el bus siguió su camino) hacia mi primer destino en este nuevo pais: Rajshahi.



INFORMACIÓN ÚTIL

  • Tren Kolkata-Malda Town (clase “sleeper”, 11 horas): 130 INR
  • Jeep compartido Malda Town-Mahadipur border: 40 INR
    • El jeep se encuentra a 2 km hacía el sur por la carretera principal desde la estación de tren. En Google Maps en el lado oeste de Malda College.